El dinero viaja siguiendo el eje de rotación de la Tierra, haciendo escala en distintos husos horarios, donde cambia de manos para acabar en los mismos bolsillos de siempre. Así, amanece vestido de yen en la bolsa de Tokio, emigra disfrazado de euro en dirección oeste hasta recalar en las bolsas europeas, luego cruza el charco para darse un garbeo por Wall Street con traje verde de dólar… Y vuelta a empezar. A partir de ahora, entre el cierre de Japón y la apertura de Londres, hará un alto en el Golfo Pérsico, donde la bolsa de Dubai ha multiplicado por seis su mercado de valores y ya negocia 694.000 millones de dólares. Es el nuevo oasis financiero. Y compite, como en los tiempos de Marco Polo, por atraer la interminable caravana de la circulación monetaria mundial.

En los últimos meses, Europa y Estados Unidos se está enterando de lo que vale un petrodólar. Los qataríes se han fijado en los supermercados Sainsbury, el Mercadona inglés. Borse Dubai y los Emiratos Árabes Unidos le han dado sendos mordiscos a la bolsa de Londres. Y la Oficina de Inversiones de Abu Dhabi ha plantado sus jaimas en Citigroup, el mayor banco norteamericano. En España, la división de plásticos de General Electric ha pasado a manos saudíes. Los inversores del Golfo están inyectando cash a espuertas. Es una transfusión de liquidez. Un torrente que anega multinacionales como Virgin, bancos con problemas, centros comerciales, suelo urbano en las zonas más pijas del mundo, mezquitas como la de Granada o casinos en Las Vegas… La subida del precio del petróleo (los analistas vaticinan que en 2008 se instalará en los cien dólares, cuando hace cinco años rondaba los 20) es uno de los factores que explican que países como Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar o Arabia Saudí, por su condición de grandes productores de oro negro, aspiren a comerse el mundo.

El petróleo aportará a esa región unos ingresos de 3 billones de dólares en la próxima década. Es mucha pasta. En los años setenta, cuando aumentaron los precios del barril, los estados del Golfo no supieron qué hacer con aquel maná. Carecían de líderes con visión para invertir su riqueza, excepto para darse la gran vida. Solo ahorraron el 20% de aquella bonanza. El resto fue despilfarrado. Aprendieron la lección. Ahora aprovechan el 60% y quieren convertir a Oriente Medio en un eje de la economía mundial. Y quieren hacerlo antes de que el crudo se agote, es decir, antes de 2050.

Fijémonos en Dubai, uno de los siete emiratos árabes unidos. Allí están construyendo un aeropuerto del tamaño de Valladolid por el que pasarán 150 millones de viajeros, el triple que Barajas, aunque les interesa más el tráfico de mercancías. Y eso que ya cuentan con el aeropuerto mejor equipado del mundo y una lujosa línea aérea en estos tiempos de low cost, que se ha gastado casi 20.000 millones de euros en renovar su flotilla. La idea es audaz. Como las rutas marítimas de la moderna economía mundial están en el cielo, Dubai pretende disponer de un aeropuerto tan enorme que encauce los vuelos entre China, India, Europa y África, convertirse en escala obligatoria y transformar así un trozo del desierto en un centro de negocios y comercio global. El modelo: Gran Bretaña durante el apogeo del imperio, pero sustituyendo barcos por aviones.

¿Megalomanía? Puede. Pero Hong Kong y Singapur ya han demostrado que es posible convertirse en un poder regional con esta estrategia, sólo que Dubai aspira a superarlos. Las 16 terminales de carga del Dubai World Central podrán almacenar 12 millones de toneladas al año, tres veces más que el mayor depósito que existe en la actualidad, el de FedEx en Memphis. Un millón de personas trabajarán en la aerópolis de Dubai. No solo habrá tiendas. También una ciudad humanitaria, el mayor centro logístico para emergencias internacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

En los emiratos pueden hacer este tipo de planes a largo plazo porque no tienen que presentar informes a sus accionistas. El jeque Mohamed Rashid al-Maktoum, emir de Dubai, sabe que no obtendrá beneficios con el aeropuerto hasta 2020, si es que los obtiene… Le da igual. La filosofía en la región es que si se crean las infraestructuras, tarde o temprano fluirá la riqueza. Contrasta con el pensamiento occidental, donde los inversores solo se arriesgan cuando olfatean un aumento claro de la demanda.

Dubai tiene claro que el petróleo no durará siempre. Es el país de la zona con menos reservas. Justo por ello, es el que más se ha espabilado a la hora de diversificar su economía. Déspotas ilustrados, la dinastía Al Maktoum ha convertido Dubai en un paraíso fiscal y tecnológico. Solo el 8% de su PIB proviene de las refinerías. Es un estado islámico moderado, que no impone la ley musulmana a los extranjeros. Permite los cubatas en los hoteles y los bikinis en las playas. Que la religión no estropee un buen negocio…

Sus zonas francas atraen a empresarios de todo el mundo, y sus duty free y centros de recreo, como las islas artificiales con forma de palmera, están llenos de turistas de elite. Eso sí, la mayoría acatarrados por el cambio brusco de temperatura entre la calle (mínimas de 40º) y el aire acondicionado de edificios y comercios. Ahora bien, hay que preguntarse si estos grandes planes tendrán éxito. Con la construcción de la aerópolis y el hotel de siete estrellas Burj Al Arab (900 euros la noche en la habitación más barata, sin desayuno; 14.000 la más cara) la región está demostrando sus ambiciones. ¿Pero los jeques de Oriente Medio no estarán creando una colección de elefantes blancos? Está por ver.

De momento, amenazan con dejar pequeño cualquier atisbo de competencia allá donde se les antoja competir. Por ejemplo, los promotores inmobiliarios de los emiratos recurren al golf. Su objetivo es superar a España como enclave vacacional golfista. La factura del agua de riego no les importa. Solo tienen que abrir otro grifo, el del petróleo, para tener a su disposición 1460 millones de euros fresquitos cada día, listos para gastar… Su preocupación es el terrorismo, pero hasta la fecha han conseguido que Al Qaeda no amenace su prosperidad.

Los sultanes son caprichosos y financian extravagancias arquitectónicas, como rascacielos giratorios; importan bailarinas de danza del vientre desde España o Kazajstán y climatizan las suntuosas dependencias de sus halcones, camellos y caballos. Doha, la capital de Qatar, quiere acoger los Juegos Olímpicos de 2016, en competencia con Madrid, Chicago y Tokio. Dubai organizará el torneo de golf mejor pagado del mundo en 2009, con 10 millones de dólares en premios. Abu Dhabi pretende hacerse un hueco en el ciclismo mundial pagando un millón de dólares al ganador de la Carrera de Campeones, el doble que se embolsa el ganador del Tour de Francia, por un paseo de tres etapas y apenas 220 kilómetros. Cinco horitas de pedaleo, aunque sudando la gota gorda.

 

El mundo de la cultura y el espectáculo no son ajenos a esta fiebre del petrodólar. Existen planes para trasladar a Oriente Medio delegaciones de los museos del Louvre y del Guggenheim. Y Dubai World, un fondo de inversiones, ha pagado 1.200 millones de dólares por el 5 por ciento de MGM, la segunda empresa propietaria de casinos del mundo. El juego y los clubes de striptease están prohibidos por la ley islámica, pero el dinero no entiende de credos . Warner Brothers y Aldar (la principal inmobiliaria de Abu Dhabi) han llegado a un acuerdo para coproducir películas y videojuegos en inglés y árabe. Además, Viacom y el Arab Media Group se han aliado para poner en antena el canal MTV Arabia, que accederá a 35 millones de hogares. La inversión en Hollywood tiene otros alicientes para los inversores árabes. Por ejemplo, dotarse de capacidad para que los musulmanes dejen de ser los malos de la película.


El festival de cine de Dubai paga la asistencia de estrellas como George Clooney o Sharon Stone con regalos por valor de 100.000 dólares, incluido un tratamiento de belleza con una crema exfoliante de polvo de diamante. En fin, un oasis a fuerza de talonario: 40 millones de palmeras datileras plantadas en un plis plas. O la puesta a flote de islas privadas donde el ex presidente Clinton, el piloto Michael Schumacher o el futbolista Beckham ya tienen su título de propiedad. Con las escrituras se obtiene además un permiso de residencia automático. Todo un privilegio para ricos en un país donde se le retiene el pasaporte a los 800.000 obreros extranjeros. Parias en el paraíso. Casi el 85% de la población.

Porque ésa es la otra cara de la moneda. Hindúes, paquistaníes, filipinos, tailandeses… Ganan menos de 200 euros al mes. Los alquileres más baratos rondan los 6000 euros mensuales en Dubai, así que se hacinan en barracones. Algunas empresas han instaurado un sistema esclavista de trabajos forzosos. Hay deportaciones masivas en el emirato. Cuando son expulsados, miles de ellos intentan llegar a Canarias en barcos chatarra que zarpan desde África, a pesar de que el Gobierno español ha desplegado espías en la zona que alertan a las patrulleras de la Guardia Civil. Desde 2001 han arribado al archipiélago canario 17 barcos cargados de inmigrantes asiáticos.

Así pues, España experimenta en propia carne lo que se cuece en la península arábiga. Sabic, una multinacional saudí, ha comprado el buque insignia de General Electric en nuestro país, la planta de policarbonatos ubicada en Murcia, 650 empleos directos y 3000 inducidos. Sus nuevos ejecutivos rezan cinco veces mirando hacia Cabo de Palos. Curiosamente, los americanos han vendido porque no han podido asumir la escalada del precio del petróleo, pues la materia prima del plástico que fabrican es el benceno.

Los economistas hablan de un reciclaje masivo de petrodólares. Y vaticinan que las vacas gordas van a durar. Godman Sachs predice que a este ritmo la economía de los emiratos será comparable a la de un peso pesado como Francia en 2048. El término petrodólar se acuñó durante la espiral inflacionista a raíz de la guerra árabe-israelí de 1973. En aquella época, los exportadores de petróleo se dieron cuenta de que tenían más dinero del que podían gastar. La solución consistió en reciclar petrodólares en el sistema bancario internacional. El cash sirvió para prestar dinero a los importadores de petróleo, incluidos la mayoría de los países en desarrollo. Un círculo vicioso que golpeó a Latinoamérica. La deuda fue creciendo, muchos países no han podido pagarla aún y son, en consecuencia, más pobres cada día.

El reciclaje actual es diferente. Lo más llamativo es la irrupción del petroeuro. Los países exportadores de crudo quieren diversificar sus abultadas cuentas de divisas. La depreciación del dólar ha animado a Irán, Venezuela (quinto productor mundial), Emiratos Árabes Unidos e Indonesia a sustituir parte de sus saldos en billetes verdes por euros. Irán y Venezuela no son los mejores amigos del gobierno Bush… Y China se lo está pensando. Tiene un volumen de reservas cercano al billón de dólares. Japón vacila… ¿Y qué pasaría si la OPEP en bloque se cambiara al euro? Irak lo hizo en noviembre de 2000 y analistas como William Clark, de la universidad John Hopkins, sostienen que Sadam Hussein firmó su sentencia con ese movimiento, que precipitó la invasión de su país, pero que también ha dejado tocado al gigante norteamericano, que ha visto desde entonces cómo el euro comenzó a ganarle terreno al todopoderoso dólar. “La guerra fue una estrategia de Estados Unidos para prevenir una estampida de los países productores de petróleo hacia el euro como moneda de referencia”, asegura Clark. A juzgar por la depreciación de la divisa estadounidense, es una guerra que Bush está perdiendo.

Los nuevos bárbaros

Geoestrategias aparte, lo que más preocupa a los gobiernos europeos es la irrupción de los llamados “fondos soberanos” en sus bolsas. Herméticos grupos de inversión estatales que gestionan las riquezas generadas por el petróleo en Rusia y Oriente Medio. Son tan voraces que el diario de The Times los ha bautizado como los “nuevos bárbaros”, a pesar de que no son nuevos. La Agencia Kuwaití de Inversiones se creó en 1974. Y poco después la Oficina de Abu Dhabi, que gestiona 700.000 millones de dólares, casi las reservas de China. Lo que es novedoso es su apetito. “Estos fondos son capaces de comprar una multinacional, crear un pánico financiero o dejar al Fondo Monetario Internacional sin capacidad de maniobra”, advierte Jeffrey Garten, profesor de Yale.  Dan miedo, sí. Alemania estudia una ley para vetar inversiones extranjeras si amenazan su economía. Pero al mismo tiempo nadie quiere perderse el reparto del pastel. Francia y Reino Unido adaptan su legislación para captar medio billón de dólares que pulula por las bolsas gestionado por bancos islámicos, pues la sharia (ley coránica) prohíbe las tasas de interés, la inversión en armas y juegos de azar o el uso de internet. Y se hace la vista gorda a la peculiar interpretación de los derechos humanos que realiza Arabia Saudí, donde una chica de 19 años violada por dos hombres ha sido condenada a 90 latigazos porque en el momento del asalto estaba en el coche con su novio. Los violadores fueron sentenciados a 2 años de cárcel. Su abogado apeló y consiguió elevar la condena a 9 años. Pero también elevaron la de la víctima: 200 latigazos y seis meses de prisión por intentar “influenciar” a los jueces contando el caso a la prensa occidental.

¿Cuánto petróleo queda en el mundo?

Si la extracción de crudo continúa al mismo ritmo, las reservas mundiales durarán 40 años. Se calcula que quedan unas 143.000 billones de toneladas, aunque es una cifra que se revisa y expertos de Cambridge consideran que puede haber el triple. El problema, más que de reservas, es de consumo. Cada vez se consume más. El aumento espectacular del parque automovilístico chino invita al pesimismo. Los nuevos descubrimientos de yacimientos se han reducido. La mayoría de las principales reservas mundiales disminuyen y solo las de Canadá y Oriente Medio crecen, pero se espera que incluso esos yacimientos comiencen a declinar a partir de 2010. Existen otros tipos de reservas de hidrocarburos, conocidos como betunes, petróleo muy pesado, sobre todo en la franja del Orinoco, que pueden catapultar a Venezuela hacia el primer puesto mundial. España mantiene unas reservas de petróleo y carburantes equivalentes a 90 días de consumo. Los primeros 30 días se consideran reservas estratégicas. Los 60 días restantes son reservas comerciales que las petroleras deben mantener de forma obligatoria. La normativa establece que en situaciones de escasez de suministro se puede ordenar el sometimiento de las existencias mínimas a un régimen de intervención bajo el control directo del ministerio de Economía.

 

 

 

 

 



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