Luis Vidal tiene el móvil conectado día y noche. Ha recibido una llamada de emergencia y no le ha dado tiempo ni a desayunar, pero está acostumbrado. Ya dejó plantada a su familia durante la cena de Nochebuena para acudir al rescate de un gato atrapado en una alcantarilla. Esta vez la urgencia atañe a un perro que trota sin rumbo por la cuneta de la carretera que atraviesa la localidad catalana de Mataró paralela a la costa. Desorientado, el perro ha cruzado la calzada varias veces y no ha provocado un accidente de milagro. Un conductor anónimo, después del volantazo, ha tenido el buen juicio de avisar a la policía, que ha puesto el asunto en manos de un auténtico especialista.
Vidal dejó su profesión de comercial para dedicarse al rescate de canes y felinos en apuros. Una decisión quijotesca y, por desgracia, ruinosa. “Salvo excepciones, los ayuntamientos prefieren encargar el trabajo a empresas que capturan al animal y luego lo liquidan. Es más barato. Creí que podría vivir de esto, pero quizá me precipité”, reconoce. Sin embargo, la faena no debería faltarle. Según el último estudio de la Fundación Affinity, en España se abandonaron 98.000 perros el pasado año. Esta cifra puede no resultar llamativa en un país tan aficionado a festejos donde los animales sufren, sean vaquillas o cabras lanzadas desde campanarios, pero en el norte de Europa causa estupor: “masacre”, “barbarie”, claman en Holanda, Gran Bretaña, Suecia o Alemania, donde el abandono se erradicó hace años. Y se respetan las declaraciones universales de los derechos del perro (artículo 6: el cachorro tiene derecho a vivir con su madre ocho semanas) y del gato (tiene derecho a afilar sus uñas y su dueño deberá asignarle un tronco de árbol para este uso). A los españoles tan solemnes aspiraciones nos hacen sonreír.
La trasera del todoterreno de Vidal es un batiburrillo de transportines, lazos de cuerda, trampas y hasta un rifle que dispara dardos anestesiantes. Vidal rastrea la zona donde intuye que puede estar el vagabundo: la carretera nacional marca la frontera entre la playa y un descampado con altos cañaverales. “No puede andar muy lejos. Estará sediendo y agotado. Y el sol ya pica. Si yo estuviera en su lugar, buscaría sombra y alimento. Quizá en aquellas cañas y aquellos contenedores de basura”. Acierta.
Para hacer este trabajo, hay que tener los nervios templados de un negociador de rehenes. Vidal estudia al animal. Un joven mil leches. Muchos canes abandonados se convierten en bestias sanguinarias y producen destrozos en rebaños y propiedades agrícolas. “Pero éste no es agresivo. No ha tenido tiempo de asilvestrarse, aunque ya se le ve triste. Lo debieron abandonar anoche en la playa. Su amo jugaría a lanzarle un palito. El animal iría a buscarlo, engolosinado con la diversión, saltando entre las olas… El dueño tuvo tiempo de meterse en el coche, acelerar y adiós muy buenas”.
Y eso que el abandono está penado por la ley y se castiga con multas de hasta 30.000 euros, pero se siguen dejando camadas enteras a las puertas de las perreras, en vertederos y parques, carreteras y autopistas. A escondidas o a plena luz del día. Más de un millar mueren atropellados cada año. Y lo que es peor, ocasionan accidentes. El problema es de tal magnitud que la Dirección General de Tráfico ha encargado un estudio que arroja datos alarmantes: 6.227 accidentes en 2004 se debieron a la colisión con un animal (de compañía o salvaje). Nada menos que 17 diarios. La mayoría eran perros: 1.321. Entre las víctimas humanas, 17 muertos y casi 472 heridos. Las carreteras de Burgos, Asturias, León, Palencia y Soria son las de mayor siniestralidad. Y una recomendación urgente: que los ayuntamientos se empleen de una vez con mano dura en la implantación del microchip de identificación y así poder localizar a los propietarios y llevarlos ante un juez.
Durante las vacaciones estivales el problema debería agravarse, pero la DGT asegura que los peores meses son de noviembre a marzo. Y María Azkargorta, directora gerente de la Fundación Affinity, matiza que el fenómeno ya no estacional. “Lo del cachorrito que se regala a los niños y luego se hace mayor y es abandonado empieza a ser un mito. La mayoría de los abandonos no se debe a la compra irreflexiva de mascotas, sino al nacimiento de camadas no deseadas. Y la solución es el control de natalidad. Pero en España esterilizar sigue siendo un tabú. Muchos propietarios proyectan en sus mascotas necesidades sexuales y de procreación muy humanas, pero inexistentes en los animales. Es un amor mal entendido. Y esto hace que cada año nazcan miles de animales mestizos y no deseados”.
La palabra castración suena demasiado fuerte a los oídos de los españoles, defensores a ultranza de los cataplines de sus mascotas. En el norte de Europa, a la mayoría de los perros se les castra o se les practica la vasectomía. Y a las hembras se les vacía el útero o se les ligan las trompas. “Pero aquí persisten creencias erróneas. Por ejemplo, siempre se ha dicho que las hembras deben tener como mínimo un parto. No es cierto. Y tampoco que perros y gatos pierdan vitalidad, inteligencia o ganas de jugar si se esterilizan. La verdad es que se vuelven menos agresivos”, puntualiza Azkargorta.
La Fundación Affinity promueve campañas para evitar el abandono de perros y gatos y financia terapias asistidas con animales. Muy implantada en Cataluña, colabora con protectoras de todo el país en el rescate de animales abandonados, la búsqueda de familias de adopción e incluso la reinserción social de canes y mininos, que son colocados en residencias de ancianos, centros penitenciarios o programas terapéuticos con niños autistas. Esta fundación cuenta con 20.000 simpatizantes, una cifra notable tratándose de España, aunque organizaciones similares en el Reino Unido o Alemania tienen millones de socios. La mayoría de las 700 protectoras españolas son de carácter local y sobreviven como pueden, con aportaciones de sus socios, mercadillos benéficos y, sobre todo, el trabajo desinteresado y gratuito de sus voluntarios.
Cada animal que llega a un centro de acogida genera un coste de 600 euros anuales. Si la perrera es municipal, la tentación de aliviar el presupuesto del ayuntamiento echando mano de la socorrida inyección letal es grande. Roser de Elías, de la protectora de animales de Mataró, se acongoja sólo de pensarlo. “Es inmoral. En otros lugares se sacrifica a los perros a los veinte días si nadie los adopta. Nosotros no. El problema es que a los cachorros y perros pequeñitos se les encuentra pronto familias adoptivas, pero a los grandes no. Algunos animales llevan aquí varios años. Y resulta caro mantener las instalaciones. Somos 700 socios, pagamos cuotas mensuales de cuatro euros. Cobramos 90 euros por cada adopción y 80 por apadrinamiento, en el caso de personas que no pueden tener a un perro en casa, pero que ayudan a su manutención y vienen con frecuencia a sacarlos de paseo. Tenemos a un hombre todo el día baldeando las jaulas y el patio, poniendo toldos, limpiando cacas. Y a una veterinaria contratada. Los sábados, una terapeuta canina enseña a los adoptantes cómo adiestrar al animal. Y hay que pagar vacunas, pienso, medicinas…”, explica Roser. Su hijo, Carles Treill, de catorce años, está de vacaciones y se pasa la mañana jugando con los perros como si fueran sus colegas de la pandilla. Lo mismo recibe los lametones de Lequio, un donjuán escapista que saltó el muro de dos metros de la perrera para buscarse novias en un parque cercano, que le lanza una pelota a Neska, la más veterana del lugar. “Lleva cuatro años aquí. Su dueño no tuvo agallas para traerla y nos la envió en un paquete por mensajero”, relata Roser.
Algunos canes tienen un pasado tormentoso. Tosca llegó al centro cubierta de heridas. Quizá la obligaron a pelearse, o quizá la desecharon para no pagar el seguro que han de abonar los propietarios de razas peligrosas. A Sugus, un perrazo, lo trajeron unos voluntarios desde Salamanca para evitar que lo sacrificasen. Igual que a un boxer que un alma piadosa salvó de la eutanasia en Elche. Clinton se lleva mal con Rok, un autoritario husky siberiano, raza que ha pasado de moda y está siendo abandonada a centenares, como dentro de un año les sucederá a los hoy cotizadísimos bulldogs. Cuca es diabética y necesita un pinchazo de insulina diario y un pienso especial bajo en azúcar. Al revoltoso Sinchan es mejor no mirarle a los ojos. Se lo toma como una ofensa personal y da vueltas sobre sí mismo mordiéndose la cola. Un anciano incluyó al precioso Tan en su testamento antes de morir, con una paga para el nieto que se ocupase de él. Un chulesco cocker spaniel suelta chupinazos de pis a presión para demostrar al mundo quién es el que manda. A todos se les hace una foto y se cuelga en internet (www.protectoramataro.org) con un breve currículum perruno. Es la fórmula más efectiva para que alguien los adopte.
Por desgracia, este trato modélico sigue siendo una excepción, casi una heroicidad. Muchas perreras son plantas de exterminio más o menos disimulado, aunque ahora se les llame centros de bienestar animal. Algunas prácticas denunciadas son escalofriantes: perros asfixiados con el tubo de escape de un automóvil, o enfermerías convertidas en cámaras de gas donde se hacinan animales de distintos tamaños, de modo que unos mueren antes que otros, y luego se llevan todos juntos al horno crematorio, algunos todavía vivos. Las denuncias pocas veces prosperan en los juzgados y apenas alcanzan notoriedad en los medios de comunicación. Hay excepciones: la imagen de quince perros a los que amputaron las patas con un serrucho causó una conmoción nacional en 2001. Alguien penetró en el recinto de una protectora de Tarragona y fue serrando las extremidades de los canes fría y metódicamente. El crimen fue tan horroroso que hubo manifestaciones de protesta y una avalancha de peticiones de adopción. Pero el aldabonazo a las conciencias duró poco.
Si el holocausto canino es grave, el felino (mueren 250.000 gatos al año, la mayoría recién nacidos) alcanza cotas de escándalo. “Yo he montado un refugio y una colonia para 500 gatos porque son los grandes olvidados. Les hago el test de la leucemia y el sida felino, incluso transfusiones si es necesario. Los alimento. Los limpio. Prevengo la tiña”, relata Luis Vidal, mientras se dispone a rescatar al perrillo que un desalmado abandonó a su suerte en una playa de Mataró. Se le acerca muy despacio, hablándole suave y tranquilizadoramente. “Tienes dos opciones, amigo: si sales huyendo hacia la carretera, te matará un coche. Si te quedas quieto y confías en mí, habrás vuelto a nacer”. El perro, atento y muy quieto, parece entenderle.
24 HORAS CON EL ‘SAMUR’ CANINO
8.25 a.m. CÓMO CAZAR UNA MARIPOSA DE 25 KILOS
Luis Vidal descarta el lazo porque el breve estrangulamiento resulta muy traumático para el animal. Se decide por la red de cazar mariposas. Una mariposa de unos 25 kilos. El perro observa con ojillos desconfiados al imponente ser humano que se le acerca. Está agazapado, con el morro entre las patas, pero no huye. Parece resignarse a lo que venga: un palo o una caricia. Vidal, por si acaso, lleva una inyección con un tranquilizante en el bolsillo. Ágilmente le echa la red y el can no reacciona. Quizá sea un juego… Uno de esos extraños juegos a los que son tan aficionados los humanos. Vidal le da agua, que traga a lametones agradecidos, antes de introducirlo en el todoterreno.
9.31 a.m. UNA PERRERA SIN CORREDOR DE LA MUERTE
Para un perro, un chorrito de pipí es como un libro abierto. Unos sirven para marcar territorio, otros para indicar la disposición a procrear. Hay perros que no pueden evitar mearse encima de alegría al ver a su amo, por mucho que se les regañe. El que ha rescatado Vidal acaba de dejar un trémulo charco en el patio de cemento, de puro canguelo tras ser recibido con una salva de ladridos y exhibición de colmillos por el centenar de perros que abarrotan las jaulas. La bienvenida es hostil, pero rutinaria. Enseguida los canes se desentienden del novato e intentan atraer la atención de los seres humanos que le acompañan. Los ladridos tienen pronto matices zalameros. Cualquiera diría que los perros muestran sus encantos ante amos potenciales. Todos mueven el rabo como frenéticos metrónomos. La protectora de animales de Mataró regenta el centro, financiado con aportaciones de sus socios. A diferencia de otras perreras, los chuchos no serán sacrificados aunque nadie los reclame.
9.53 a.m. CONJUNTIVITIS Y UN PAR DE GARRAPATAS
Leonor Vila, la veterinaria, realiza un chequeo general al recién llegado, al que ha colocado un bozal por precaución. Lo ausculta con el fonendoscopio, le mira las orejas, le palpa los ganglios y redacta un informe. “Tiene conjuntivitis y un par de garrapatas. No lleva microchip, pero su estado es bueno, salvo una ligera desnutrición”. Leonor introduce una pastilla para desparasitar en una lata de comida que el perro devora. “Ahora pasará la cuarentena en una jaula individual y luego veremos dónde lo metemos. En las jaulas hay machos y hembras, todos están esterilizados. No son operaciones dolorosas y es la única forma de mantenerlos tranquilos. Pierden mucha agresividad. Realizo unas veinte castraciones al mes. En el caso de las hembras, se reduce el riesgo de cáncer de mama, enfermedad de una alta frecuencia pues poseen diez mamas”.
10.44 a.m. SE BUSCA DUEÑO, SE OFRECE AMOR INCONDICIONAL
Cinco perros se disputan los diez metros cuadrados de cada jaula. Son demasiados teniendo en cuenta la necesidad canina de poseer una parcelita propia donde ejercer de soberano, pero es que hay lista de espera para ingresar en la perrera. Asoman el hocico entre los barrotes, respiran agitadamente y sus colgantes lenguas buscan una mano humana que anegar de babas. Cada animal tiene una historia. Max, por ejemplo, es un pitbull con sangre de horchata que desmiente la fama de agresivos de esta raza. Y el apocado Xiulet es tan tímido que nadie se ha fijado en él para adoptarlo. Más espabilada, su hermana ya encontró dueños mientras él se escondía detrás de la caseta.
11.50 a.m. UNA ADOPCIÓN POR INTERNET
Fue un flechazo virtual. “Entramos en la página de adopciones de la protectora y Nino nos gustó. Nadie lo quería y le habían colocado un cartel de urgente”, explica Francesc Claro, de 33 años, empleado en una sala de despiece de Girona. Él y su pareja, Tania Boldú, bibliotecaria de 30 años, se han desplazado en coche los 70 kilómetros que separan su ciudad de Mataró. Y se han llevado a AT, la perra que rescataron de un basurero y que vive con ellos, para ver si hace buenas migas con Nino. Ambos canes son tímidos. “Nos lo llevamos de prueba hasta el sábado, a ver cómo se porta con nuestra perra. Pero confiamos en que todo salga bien y no tengamos que devolverlo. Tenemos terraza y jardín. Hay sitio de sobra”, afirma Tania. Como Nino se muestra remiso y acobardado, Francesc lo toma en brazos como si fuera una novia o un bebé crecidito.
13.20 p.m. EL ADIÓS DE LA CANGURO CANINA
A Cristina Janoher un perrazo le mordió sin apretar los dientes, pero sin soltarla. Fueron unos segundos inciertos. “Reconozco que me asusté. Alguien debió enseñarle esa tipo de mordida. Había hecho presa y parecía aguardar instrucciones. No sé si para apretar de verdad o para soltarme. Comencé a lloriquear imitando a una perrita, dando aullidos lastimeros. Y me soltó”. Cristina es una de las voluntarias que saca a pasear a los canes. Y ese incidente, que considera una anécdota, no la intimida. “Aquí me puedo pasar horas y horas. No conozco nada mejor para liberar el estrés y la mala leche”. Cristina, que en ocasiones trabaja a domicilio como canguro para perros, se despide de Nino, el recién adoptado, con un beso esquimal, nariz con nariz, y una mezcla de pena y alegría. “De todos te encariñas, hasta de los que son pirañas disfrazadas”.
16.25 p.m. LAS ANDANZAS DE ‘BARRUFET’ Y ‘PATUFET’
Educada en los jesuitas, Gloria Figueras es una dama elegante a sus 94 años, a pesar de los pelos de gato adheridos a su ropa. Hay cientos, miles. La pelambre recién mudada de Barrufet y Patufet, mininos que no se dejan cepillar y campan a sus anchas por los jardines del asilo municipal del barrio barcelonés de la Bona Nova. “Teníamos una colonia de gatos callejeros descontrolada. Se afilaban las uñas donde querían. Maullaban de madrugada. Teníamos dos alternativas: acabar con ellos o incorporarlos con un cierto orden a la vida de la residencia”, cuenta Leticia Esporrín, la supervisora de enfermería. Optaron por lo segundo. Los gatos fueron vacunados, capados y censados. Y varios residentes se beneficiaron de tener la responsabilidad de alimentarlos y cuidarlos. Gloria es una de ellas. “Tiene un nivel cultural superior a la media y vivía muy aislada. Fue ocuparse de sus gatos y comenzar a relajarse. Tuvo un problema de corazón y le pusieron un marcapasos. Pues bien, pidió el alta voluntaria a la semana de operarse porque estaba sufriendo por sus gatitos”.
17.42 p.m. “EL NUEVO RESIDENTE HA MICCIONADO”
Duna y su hija Nina, dos hembras de golden retriever, duermen la siesta en la residencia geriátrica de la Fundación Vallparadís en Badalona. Están reventadas. No dan abasto de tanta actividad terapéutica. Duna y Nina son paseadas, cepilladas, mimadas, acariciadas, dibujadas y alimentadas (a veces a deshoras y a escondidas) por los abuelos. “Escogimos esta raza porque son perros muy tranquilos”, explica Laura Anzizu, la directora. “Y eso que los comienzos fueron difíciles, porque algunos ancianos sentían celos y se quejaban de los pequeños destrozos, de las caquitas… Pero incluso los disconformes hablaban de ellos a todas horas”. Resultados: aumentó la comunicación, la movilidad y la autoestima de los ancianos. E incluso sus nietos acuden más a menudo para jugar con los golden. Los perros también hacen una ronda por la segunda planta, donde pasa sus días Puri Tallón, que apenas puede abandonar la cama pues padece obesidad mórbida. “Intuyen el estado de ánimo de las personas más frágiles y colaboran a mejorarlo”, observa Anzizu, que recita con humor el parte que redactaron los trabajadores del turno de noche a la llegada del primer perro que vivió en el asilo. “Nuevo ingreso: Simba. Incontinente, descontrolado, muy sociable. Ha miccionado y defecado. Ha dormido a ratos”.
19.20 p.m. ‘VIOLETA’ Y EL NIÑO QUE SOÑABA CON AUTOBUSES
Violeta es una hembra de cocker spaniel con una paciencia infinita, habituada al trato con niños autistas. “Son niños desconectados del mundo, incapaces de relacionarse, que se angustian por nada. Aprender cada palabra les supone un esfuerzo titánico. Fue empezar la terapia con la perra y notar reacciones positivas”, recuerda Felicitat Soms, pedagoga de Mataró. Pequeñeces como no desviar la mirada, ensayar una caricia, coger la correa o dar de comer al animal, para un autista son hazañas. “Albert vivía en un mundo de autobuses escolares. Era su único interés. Violeta le hizo salir de su burbuja. Albert la paseaba por el patio de la escuela, quería compartir con ella lo que aprendía. Dormía con la foto de la perra debajo de su almohada”. Albert padecía también una rara enfermedad que le hacía envejecer rápidamente. Murió a los catorce. “Pero fue un niño que se sintió querido. Con muchas madres. Una de ellas fue Violeta”.
21.05 p.m. FAMILIA NUMEROSA CON HIJO ÚNICO
La familia Treill, compuesta por Sergio, Roser y el hijo de ambos, Carles, se ha convertido en numerosa con las incorporaciones de White, Dana, Manolo (descubrieron que era una hembra después de hacerle la cartilla) y la enorme Chata, a los que sus primeros dueños repudiaron “porque decían que les destrozaba el piso y aquí no toca un mueble”, comenta Roser. Los cuatro habían sido abandonados. Y alguno maltratado. “El blanquito llegó con quemaduras. Había que curarle cada tres horas”. Sergio Treill sale de la fábrica “y se me van seis horas con los chuchos”. No le anda a la zaga el joven Carles. Acaba de llegar de la cancha de baloncesto, pero guarda fuerzas para jugar en su habitación con cualquier ser de cuatro patas. Más que mascotas, son sus hermanos.
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reportaje donde todo salió bien. conocí a gente extraordinaria. roser treill, de la protectora de mataró, y su hijo carles, lanzador de triples, que se hizo una pachanga con mi hijo y conmigo (cuando fuismos semanas más tarde, a adoptar a goricho) y flipó cuando me vio colarlas todas limpias, de cualquier distancia.
marta pulgar, la chica de prensa de la fundación affinity, con la que intercambié un montón de emails (los míos perplejos, los suyos aterrorizados) porque se me había ocurrido utilizar la palabra castración en el reportaje, palabra tabú para affinity. y yo erre que erre, que no pensaba usar esterilización, porque me sonaba a esterilizar un biberón. (a ver si los encuentro).
susana vera, la fotógrafa, encantadora. trabaja para reuter. vivió en estados unidos. pamplonica. me llama “cari”. a todo el mundo le llama “cari”, lo cual resulta un poco desconcertante.
goran, goricho, mi goricho. fuimos a por él después del reportaje. porque no sabía cómo decirle que no a roser. me inventé mil excusas. en fin, al final cogimos el coche y nos lo trajimos. no lo habíamos visto ni por internet. pero me daba igual el perro que me dieran, con tal de que fuera grande (coincidió con que entraron ladrones en casa, a las cuatro de la madrugada, y mi mujer dejó de dormir si no era con pastillas). pusimos rejas. tengo una escopeta de caza en el dormitorio. da lo mismo. solo con el tiempo y con goran ha recuperado el sueño.
http://www.lacoctelera.com/laluzenmi/post/2006/07/27/goran
se me olvidaba! nos colaron un perro de extranjis en el reportaje… me explico. al parecer no les molaban del todo las fotos de susana para abrir el reportaje, no eran lo suficientemente patéticas, así que se llevaron a un tal oliver, una raza pequeña, monísimo, a un solar tétrico con grafitis en las paredes… yo abrí la revista aquel domingo y el oliver en cuestión no me sonaba de nada, pero había visto tantos perros en la perrera… a marta tampoco le sonaba… ni a roser… oliver el misterioso… me lo aclaró susana. oliver es el perrito de silvia, la jefa de fotógrafos, que se prestó “voluntario” para el montaje. eso sí que es un posado pactado y lo demás son tonterías.
Fecha: Fri, 15 Jul 2005 12:13:45 +0200 (CEST)
De: “Carlos Manuel Sánchez”
Asunto: Expediente X: El caso “Oliver”
Para: “Marta Pulgar”
Hola Marta
El misterioso Oliver ya es caso cerrado. Vas a
flipar… Ayer hablé con Susana (por cierto, me ha
comentado que estará encantada de enviaros las fotos
en cuanto regrese a Madrid y se deslíe un poco), que
te estaba diciendo? ah sí, oliver
oliver???
Pues el tal oliver existe. (Y esto que te comento a
continuación es top secret, jejeje, de verdad eh)
Oliver es el perrito de S., jefa de
(…) del Semanal. La pobre Susana tuvo que hacer
la foto de marras en Madrid.
Claro, ahora entiendo otra cosa, además de reescribir
el texto, a mí no paraban de pedirme que contase una
historia sentimental de algún perrito, pero yo ya
había “gastado” a todos mis perritos en el reportaje.
Y ellos erre que erre, que necesitaban otro, y yo que
más no había, que se apañasen. Y resulta que querían
una biografía para el tal oliver (y encima me pedían
como 30-40 líneas o así, folio y medio, cuando luego
resuelven las fotonoticias con siete líneas mal
contadas).
En fin.
Pues eso, que ya planté la cebada para “hacernos”
nuestra cervecita, pero con la sequía ésta no sé yo, a
ver si llueve…
Y que pases un feliz fin de semana, con tus platos de
hojalata y tu coche “Indiana Jones”.
Creéme, en Gattaca no tenían ni p… idea. Existe una
mutación genética de seres extraordinarios que son
definitivamente alérgicos a los gossos…
Carlos
i wold like to see if you have chihuhua dogsand how much wold they coust
quisiera adoptar un perro chihuahua i tambien quisiera saber cuanto me costaria.