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	<title>Comentarios en: La familia Pelayo, el terror de los casinos</title>
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	<pubDate>Mon, 06 Oct 2008 22:56:47 +0000</pubDate>
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		<title>Por: cms</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Oct 2006 09:54:50 +0000</pubDate>
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		<description>El texto final fue recortado (ajustado, es el eufemismo) en unos tres folios. Por lo menos, me dejaron que yo hiciera la poda.
Simpáticos, los Pelayo. Hablé por teléfono con Iván pero pasé de entrevistarlo. Por entonces ya estaba yo en plan ermitaño y cada entrevista se me hacía cuesta arriba. Como publicaban un libro con sus andanzas, la revista me había mandado las galeradas y construí el reportaje basándome en ellas.
El fotógrafo y los Pelayo me esperaban en Madrid, en casa de Gonzalo. La revista había alquilado una ruleta y la había trasladado allí. Quedó muy bien en la foto. Pero yo no aparecí por allí. Me fui a jugar al baloncesto a la cancha de asfalto que hay junto al estadio Cartagonova. Jugué como cuatro horas, partidos a diez puntos. Semanas más tarde me rompí el tendón de Aquiles allí mismo.
Me ofrecí a Iván García-Pelayo a escribir un guión basado en el libro (entonces estaba recién embarcado en el Submarino de bolsillo, y con la beca del ICAA reciente, 12.000 euros solo por escribir, me comía el mundo). Iván pasó de mí olímpicamente.
Lo que más me gusta del reportaje es la mención del chiribito y lo de los relojes atómicos (que provenía de un antiguo mío). Lo peor, el comienzo, con todos esos signos de admiración.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El texto final fue recortado (ajustado, es el eufemismo) en unos tres folios. Por lo menos, me dejaron que yo hiciera la poda.<br />
Simpáticos, los Pelayo. Hablé por teléfono con Iván pero pasé de entrevistarlo. Por entonces ya estaba yo en plan ermitaño y cada entrevista se me hacía cuesta arriba. Como publicaban un libro con sus andanzas, la revista me había mandado las galeradas y construí el reportaje basándome en ellas.<br />
El fotógrafo y los Pelayo me esperaban en Madrid, en casa de Gonzalo. La revista había alquilado una ruleta y la había trasladado allí. Quedó muy bien en la foto. Pero yo no aparecí por allí. Me fui a jugar al baloncesto a la cancha de asfalto que hay junto al estadio Cartagonova. Jugué como cuatro horas, partidos a diez puntos. Semanas más tarde me rompí el tendón de Aquiles allí mismo.<br />
Me ofrecí a Iván García-Pelayo a escribir un guión basado en el libro (entonces estaba recién embarcado en el Submarino de bolsillo, y con la beca del ICAA reciente, 12.000 euros solo por escribir, me comía el mundo). Iván pasó de mí olímpicamente.<br />
Lo que más me gusta del reportaje es la mención del chiribito y lo de los relojes atómicos (que provenía de un antiguo mío). Lo peor, el comienzo, con todos esos signos de admiración.</p>
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