Noruegos. Los raros del norte
El ministro de Economía noruego, Per Kristian Foss, se ha casado con un señor llamado Jan Erik Knarbakk, magnate de la prensa. No es que hayan salido del armario. Llevan años viviendo juntos ante la indiferencia general de los noruegos, que no son amigos de hurgar en la vida privada de sus conciudadanos. Simplemente formalizaron su relación, acogiéndose a la ley de parejas homosexuales (Noruega fue el segundo país del mundo en admitir uniones de ‘gays’, con las únicas limitaciones de no poder casarse por la iglesia ni adoptar niños). Que el ministro sea de derechas y que la coalición a la que pertenece (conservadores y demócrata-cristianos), ahora en el gobierno, se opusiera en su momento a la aprobación de esa ley, sólo ha suscitado algunas tibias recriminaciones de los obispos luteranos. La ministra de Cultura, Valgerd Svarstad Hauglan, que hizo carrera política en 1993 con sus discursos contra las bodas de homosexuales y lesbianas, se ha limitado a desearle buena suerte a la feliz pareja. Ensayemos una comparación disparatada: ¿se imaginan la que se hubiera montado en España si el homólogo del señor Foss, a la sazón Rodrigo Rato, anunciara sus esponsales con el director de un importante rotativo, pongamos Pedro J. Ramírez, y que la ministra Pilar del Castillo fuera la madrina? Pues en Noruega se ha pasado de puntillas con una refrescante naturalidad.
No es que las televisiones se autocensuren o no quieran explotar el filón, es que el tema no interesa. La noticia más leída de la semana en el Antefposten, el periódico de mayor tirada, no ha tenido nada que ver con el casorio ministerial. Ni con el rapapolvos aerotransportado de la futura reina, Mette-Marit Tjessem, a su marido y príncipe heredero, Haakon, y a su secretaria. Ni siquiera con las simpatías talibanes del prometido de la princesa Martha Luisa. No. La noticia que los noruegos han devorado ha sido el descubrimiento de un historiador que, tras ver ‘Harry Potter’ en el cine, se percató de que las piezas del ajedrez mágico al que juega el niño mago tienen una inspiración escandinava. “El diseño es muy similar al de un ajedrez encontrado en Trondheim hace 900 años”. ¡Paren las rotativas!
¿Son tan raros los noruegos como se nos antojan vistos desde el sur? La pregunta tiene su reverso. ¿Los raros no serán los españoles? ¿A qué viene tanto interés hacia un país por el que nunca habían sentido curiosidad? Si la relación entre el Príncipe Felipe y Eva Sannum pasó a la historia, ¿por qué la fascinación nórdica perdura? ¿Que no? Pongamos el caso Mette-Marit y su bronca al pie de la escalerilla del avión. ¿Adivinan de qué país eran los medios de comunicación que primero se lanzaron a comprar las imágenes? Una pista. La telefonista de la modesta emisora local de Haugesund, que captó el único documento gráfico de la… ejem… “violenta escena”, como tituló el ‘¡Hola!’, acabó la jornada saludando con un jovial “bueeeenas” a sus interlocutores, en vez del “God dag” de rigor.
Es cierto que el filón rosa de la familia real noruega está todavía sin explotar. Que las realezas monegasca y británica están muy vistas. Que ‘la Metemari’ es una cenicienta con un puntillo canalla y que ‘el Jacón’ es un romántico incurable, capaz de casarse por amor con una madre soltera que “sobrepasó los límites” de jovencita. La princesa, que odia volar y viaja junto a un psicólogo, perdió los estribos porque creyó que un ‘paparazzi’ emboscado entre los pasajeros la había retratado en pleno aterrizaje. Tampoco es para tanto. Pero si tenemos en cuenta que uno de sus ex novios —fotógrafo profesional— reconoce haberse visto sometido a una “insana” presión mediática (¿desde España?, ¡tambíen!, ¡cómo no!) para vender instantáneas comprometedoras de Mette-Marit, y que la Casa Real tuvo que pactar con su otro ex, que ha cumplido penas por tráfico de drogas, para que no se fuera de la lengua, no es extraño que la futura reina se ponga de los nervios cada vez que oye un flasazo.
Curiosamente, el asunto despierta más pasión en España que en Noruega, donde se le da menos importancia a la realeza de la que se le otorga aquí. Cierto que se trata de una monarquía parlamentaria, pero el 51% de la población noruega desea que se celebre un referéndum en 2005 para decidir si la nación nórdica se convierte en república. Desde pequeños, los noruegos son educados para no sobresalir hirientemente sobre el compañero de pupitre. La modestia es la virtud nacional. Y si alguien destaca, la suerte tiene más peso ante los ojos de sus vecinos que los méritos. Quizá por eso, los mayores escándalos que ha suscitado la Casa Real han llegado habitualmente de la prodigalidad de la reina Sonia —por cierto, una dependienta plebeya que el rey Harald también desposó por amor— a la hora de meter mano al erario público, ya sea en la costosa restauración del palacio o en un tratamiento de belleza para quitarse las arrugas. Tanto es así que Harald anunció que pondría la calefacción de su residencia en Oslo a medio gas para ahorrar gastos. Claro que aquí también influyen las razones medioambientales. Un noruego se lo piensa dos veces antes de encender una bombilla. Prefiere alumbrarse con candiles. Sabe que cualquier dispendio de energía le puede costar sacrificar una cascada —aunque las hay a cientos en este país dotado de una naturaleza majestuosa— para convertirla en una central hidroeléctrica. En España, durante el invierno no queda un estufa sin enchufar, las teles echan humo y los alumbrados navideños alegran todas las calles. Si hay un apagón, se pide el cuello de la autoridad incompetente.
Lo paradójico es que Noruega es un país inmensamente rico. Tiene reservas de gas para un siglo y cada año se descubren nuevas bolsas de petróleo en su territorio. Su renta per cápita duplica a la española, donde nos apañamos con 17.000 euros al año para ir tirando. Son cuatro millones y medio de ermitaños que viven muy a gusto en su dorado aislamiento y se pueden permitir ciertas excentricidades. Por ejemplo, Noruega es un nación ballenera que ‘arponea’ impunemente los santuarios de cetáceos. Pero los noruegos son sinceros y directos. Los japoneses, que también cazan ballenas, argumentan que lo hacen por motivos científicos, pero los noruegos no necesitan excusas. Reconocen que lo hacen por dinero. Y ofrecen unas curiosas cifras: cada ballena de menos en el mar de Barents supone, al cabo del año, que se incremente la población de bacalaos en cinco toneladas. Además, los españoles tienen sus corridas de toros, ¿no es cierto? Los noruegos han rechazado en sendos referéndums integrarse en la Unión Europea, celosos de su integridad nacional, profanada históricamente por los nazis y por sus vecinos escandinavos, y amparados por un Estado del Bienestar bien engrasado por las reservas energéticas, y por una conciencia cívica que les hace soportar una presión fiscal que en otras tierras levantaría en armas a los contribuyentes.
No es extraño que la ONU considere a Noruega el país más desarrollado del mundo, por delante de Australia, Canadá, Suecia, Bélgica y Estados Unidos. Los funcionarios de Correos perfuman las cartas. La sanidad pública incluye la ortodoncia gratuita hasta los 18 años. Cuando la mujer da a luz, cobra el 80% de su salario exento de impuestos durante casi un año. El padre debe tomar seis semanas libres obligatorias para atender al recién nacido. El 90% de la población disfruta de conexión a internet. El 100% está alfabetizada. Sólo el 3% no tiene trabajo. Pero cobra el paro, por supuesto. ¡Y qué paro! Si una familia acoge a un niño en adopción, el Estado suele proponer a la madre que siga cobrando su sueldo íntegramente aunque no acuda al trabajo. Con estas credenciales, ¿a quién le importa que el prometido de la princesa Martha Luisa se vaya a Afganistán y diga que los talibanes son unos tipos cojonudos? Respuesta: a los españoles. Por supuesto, es una exageración. Porque hasta la paciencia del rey Harald tiene un límite. El monarca difundió un “duro comunicado” (nuevamente titular del ‘¡Hola!’) en el que desmarcaba a la institución regia de los comentarios de su futuro yerno. Días después y como quien no quiere la cosa, despojó a la princesa Martha del título de Alteza Real.
Martha ya había dejado de cobrar de la nómina palaciega y estaba obligada a pagar impuestos y a ganarse la vida con el sudor de su frente. Es fisioterapeuta, ha trabajado como cuentacuentos, pero su pasión es montar a caballo. Cuando vivía en el Reino Unido, la esposa de su profesor de equitación pidió el divorcio por entender que las clases no se limitaban a la hípica. En cuanto a Ari Behn, su prometido, se supone que es escritor. Pero mientras le llega la inspiración rueda documentales. En uno aparece en Las Vegas junto a una prostituta que aspiraba cocaína. Los noruegos no soportan que se frivolice con las drogas. En este asunto son extremadamente serios. Mette-Marit pidió perdón por sus escarceos “salvajes” y la opinión pública dio el asunto por zanjado. Pero al tal Ari Behn no lo tragan. Cuando hay estupefacientes de por medio, la moral luterana se impone a la vena liberal. Fuman poco. Y beben menos. Salvo la copita del folclórico aquavit, el aguardiente patrio. La prevención empieza en los precios. Una botella de güisqui barato cuesta 270 coronas (unos 30 euros). Las carreteras noruegas son tortuosas, trufadas de túneles interminables. No hay autovías. Sin embargo, conducir es seguro porque los positivos de alcoholemia son escasos. Y porque el límite de velocidad casi nunca supera los 80 kilómetros por hora.
Reservados como son, los noruegos veían con simpatía el romance entre el Príncipe Felipe y Eva Sannum. Una simpatía sobria, sin alharacas. España es un país que gusta en Noruega, salvo a los pescadores de la flota bacaladera. Los jubilados suelen elegir la costa mediterránea como segunda residencia (o mejor dicho como tercera: la primera es urbana, la mayoría reside en la capital, Oslo, y otras ciudades importantes como Bergen; la segunda es la cabaña en el bosque, junto al fiordo o el glaciar, y la tercera es el dúplex en Torrevieja, Santa Pola, L’Alfas del Pi o Dénia, donde existen numerosas colonias nórdicas). La ruptura no ha sido traumática para la sociedad noruega, pero sí que ha levantado ampollas el “ensañamiento” hacia la modelo, como se han calificado las críticas que arreciaban desde ciertos sectores de la opinión pública española. Que si era extranjera. Que le faltaba sangre azul. Que no tenía suficientes estudios. Que no dominaba el castellano. Que había salido en una anuncio de televisión interpretando a una joven cavernícola cuyos favores se disputaban dos trogloditas. Que si el escote que lució en la boda de Haakon y Mette-Marit —¿a que recuerdan aquel vestido de tafetán azul eléctrico, con la espalda al aire?— era demasiado vertiginoso para una futura reina. Y no llevaba medias bajo las sandalias forradas… ¡Hasta ahí podíamos llegar! Todo eran pegas cuando desde Noruega no se ponía ninguna al buen porte y los modales del hijo del Rey Juan Carlos.
Todo eso, si no duele, por lo menos molesta. Pero tampoco hay que dramatizar. En Noruega se abolió la aristocracia en el siglo XIX. Los monarcas son ciudadanos. El rey Olav viajaba en tranvía durante la crisis del petróleo para no ser más que sus súbditos. La igualdad es un grado. Y dentro de su gélido caparazón, los noruegos son felices. ¿Extravagantes? El que esté libre de rarezas que tire la primera piedra.
EXTRAVAGANCIAS NÓRDICAS
- En el norte del país, el sol no traspasa la línea del horizonte en lo más crudo del invierno. Muchos noruegos padecen de insomnio en esos meses oscuros. Hay cafeterías especializadas en fototerapia, donde con el precio de la consumición el cliente tiene derecho a sentarse junto a una lámpara de 10.000 luxes. En cambio, durante el verano es posible disfrutar del sol de medianoche. Tanta luminosidad provoca un frenesí hiperactivo. Los noruegos dicen de sí mismos que en verano pescan y hacen el amor. Y que en invierno, no pescan.
- Las auroras boreales son meteoros lumminosos atribuidos al magnetismo del polo. Esta espectacular pirotecnia celeste atrae a los turistas japoneses. Las parejas niponas creen que los hijos concebidos bajo las luces del norte destacarán por su talento.
- El vocablo ‘vardoger’ designa un método sobrenatural de comunicación que muchos noruegos aseguran haber experimentado. Acostumbrados a vivir en lugares recónditos, son capaces de “escuchar mentalmente” que alguien llega horas antes de que aparezca.
- En Noruega no hace tanto frío como su latitud hace suponer. La corriente del Golfo de México suaviza las temperaturas en la costa y llena los caladeros de bacalaos y salmones que huyen de las aguas árticas del Mar de Barents. Los vikingos, además de saqueadores, fueron comerciantes de pescados en salazón.
- Los noruegos inventaron el esquí hace 4.000 años. En verano se puede esquiar en los glaciares con ocho metros de nieve. No es raro que se haga en bañador o bikini.
- La carrera del futbolista noruego del Valencia John Carew se sigue con el mismo interés que la de Pau Gasol en la NBA. Carew se hace llamar esta temporada Alieu (su segundo nombre, de origen ghanés) quizá porque en España nunca han conseguido pronunciar correctamente su apellido: ‘Cariu’, ‘Keriu’, ‘Careu’, ‘Carev’… Le han dicho de todo menos lo correcto: ‘Keru’.
- La resistencia noruega fue crucial para desbaratar los planes de Hitler de fabricar una bomba atómica. En Vermork se venden como ’souvenir’ botellas de agua pesada (óxido de deuteronomio, clave para la fabricación del artefacto nuclear). Por supuesto, no es potable.
- El robo del siglo en Noruega fue el del famoso cuadro ‘El grito’, de Edvard Munch. Fue perpetrado en la Galería Nacional de Oslo en 1994, en plena ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. El ladrón dejó una nota en la que decía: “Gracias por esta seguridad tan mala”. El lienzo fue recuperado y el delincuente condenado a seis años de cárcel. Ya en libertad, compró recientemente una litografía de Munch. El jefe de seguridad le dio la enhorabuena por haberse adjudicado en la subasta la obra del célebre pintor expresionista en vez de sustraerla.
- A los munícipes de Sortland se les ocurrió la idea de pintar la ciudad de azul para festejar el año 2000. El ayuntamiento, los puentes, edificios, la base naval, las aceras… En total, más de 180.000 metros cuadrados de superficie.
- Como Noruega teme a la inmigración descontrolada, invierte generosamente en proyectos de ayuda humanitaria en los países de origen. La diplomacia noruega es emprendedora como pocas y hace de mediadora en Oriente Próximo o en Sri Lanka.
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Me lo encargaron un viernes para entregarlo el lunes. Documentación recopilada en internet. A Rufi, la secretaria de redacción, le encantó. Rufi es mi ángel de la guarda.
Hola, muy bueno su artículo, a mí me encanta Escandinavia, en especial Suecia y algún día viviré allí, ojalá muy pronto. El asunto del príncipe con Eva aún ni me lo creo, ¿cómo pudo pasar? Esa chica era fantástica, pero en fín, buen viento y buena mar.
¡Gracias! A mí también me gusta Escandinavia. Y Eva Sannum, ¿qué habrá sido de su vida?
Hey! A mi tambien me encanta Noruega,Escandinavia en general, y por supuesto me encanta Eva Sannum que es publicista, como yo, pero ella se dedica a ello.
VIVA LA REPUBLICA Y EVA SANNUM!
viva!
hola baby que huapo wooooo me encanto conocerte bye cuidate mucho
A mi me fascina escandinavia muchos Chilenos vivimos ahi,
creo que el resto del Mundo deberia seguir sus ejemplos de gobierno, igualdad, paz y respeto por todo, Noruega, Dinamarca Islandia y Suecia ademas de las Islas faroe son un fiel reflejo de la supremacia de los vikingos, creo que en realidad escandinavia le lleva varios pasos adelante al resto del mundo es lo que un ser humano debe ser en realidad, ademas de contar con el mejor nivel de vida del planeta.
El reportaje retrata a los Noruegos tal como son, felicitaciones y hip hip Norge!
Gracias. Me alegro de que te haya gustado.
Hip hip!
amo noruega, ojalá pueda vivir alli algun día, realmente lo deseo de todo corazón y por ahi dicen que cuando uno desea algo con mucha fuerza tarde o temprano se le cumple.
HOLA : MI NOMBRE ES CARLOS PARRA LEA, SOY CHILENO Y VIVO ACTUALMENTE EN LA OCTAVA REGION DE NUESTRO PAIS, PUES ESTOY TRABAJANDO EN LA CIUDAD DE TALCAHUANO, JUNTO CON SALUDARLES DESDE LA PATRIA QUERIDA, ME GUSTARIA SI ME AYUDARA A UBICAR A SONIA LUCERO. AMIGA MIA QUE CREO VIVE EN HAUGESUND JUNTO A SU FAMILIA, ME ENCANATARIA SALUDARLA Y SABER COMO ESTA MI CORREO ELECTRONICO ES carlodelaparra@hotmail.com O TENGO EL DE MI OFICINA cparral@hospitalnaval.cl
CHAO Y MUCHAS GRACIAS. UN ABRAZO A TODOS MI COMPATRIOTAS.
ATENTAMENTE
CARLOS PARRA LEAL